El primer Mario Camus llega a la pantalla 60 años después

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Santander, 9 feb (EFE).- La Filmoteca de Cantabria ha sacado a luz las primeras películas de Mario Camus, cuatro cortometrajes de sus años de estudiante en la Escuela Oficial de Cine, que rodó en paisajes desolados del extrarradio de Madrid y que anticipan algunas claves de su obra, como esa figura del perdedor tan presente en sus historias.

Mario Camus (Santander 1935-2021) las compartió con sus compañeros y maestros como trabajo de fin de curso hace sesenta años en la escuela y no habían vuelto a proyectarse hasta la pasada noche en una sesión especial, con música de piano en directo, en la Filmoteca de Cantabria, que lleva el nombre del cineasta de «Los santos inocentes» desde su muerte, en 2021.

Los cuatro cortometrajes han sido restaurados y digitalizados con la colaboración de la Filmoteca Española, un proceso que se prolongó durante todo el año 2022 y que para la filmoteca cántabra supone también abrir un campo de trabajo nuevo, tras dar sus primeros pasos recuperando películas amateur.

«Los materiales de Mario Camus de la Escuela Oficial de Cine estaban ahí, son de su titularidad y estaban conservados pero no restaurados. Nos propusieron esa colaboración y por supuesto que quisimos entrar, no solo por el nombre sino por las actuaciones que ya veníamos haciendo», ha explicado en una entrevista con EFE el director de la Filmoteca de Cantabria, Antonio Navarro.

La primera de las cuatro películas ni siquiera tiene título, se quedó en «Práctica de segundo curso» y las dos siguientes, «La espera» y «La visita», reúnen ya ciertas características del cine de Mario Camus de los primeros años.

En estas historias protagonizadas por «tipos humanos muy de la calle», está «ese gusto por el realismo social muy asociado a Basilio Martín Patino, a Bardem, a Borau y a otros autores de ese nuevo cine español que ya empezaba a realizar películas muy cercanas a la modernidad europea», apunta.

A Navarro, que ha formado parte del equipo cántabro que ha trabajado en la restauración de las películas junto a Mohamed Al-nass y Andrés Gutiérrez, lo que le ha sorprendido sobre todo es la puesta en escena, «muy sólida, muy pensada y muy bien realizada».

En el cuarto trabajo, «El borracho», el único que tiene sonido y «una banda sonora de jazz preciosa», están «esos paisajes sórdidos, estos extrarradios de las ciudades y dibuja ya de una manera muy clara la figura del perdedor, muy presente en su cine».

Fue el trabajo de licenciatura de Mario Camus, a quien Carlos Saura, uno de sus maestros en la escuela, ya le había «echado el ojo» y le encargó el guión de su película «Los golfos».

«El borracho» es una historia ambientada en un barrio de las afueras de Madrid en el que conviven los nuevos edificios en construcción con las casas viejas y las calles de tierra. En los créditos aparece como ayudante de dirección Pedro Olea.

«Las primeras son más simples pero también son los medios, no tendrían tanto tiempo para rodar. Aquí ya hay una producción muy grande, ya implica horas de rodaje, de pensar, de ver la luz. Un rodaje vale mucho sobre todo por el tiempo y aquí se ve que hay tiempo dedicado», señala Navarro.

Como en las antiguas proyecciones de cine mudo, el pianista Paco Vril ha puesto la música en directo a las otras tres películas. «Es una banda sonora a modo de hipótesis que creo que es muy interesante y le aporta también a la película de Mario Camus esa visión exterior», dice el director de la Filmoteca cántabra.

Figura clave del cine español, Camus, recuerda, fue un realizador muy prolífico que a lo largo de su carrera alternó su obra más personal con películas «más alimenticias» en las que dirigió a estrellas como Raphael o Sara Montiel.

La Filmoteca de Cantabria está revisando todos sus títulos para que «su memoria esté presente siempre» y ha apostado por rescatar sus inicios, no solo porque son los primeros pasos del director de «Los Santos Inocentes», «Después del sueño» y tantas otras películas, sino porque en sí mismas tienen un interés cinematográfico.

Ha apostado por rescatarlas y sobre todo por sacarlas a la luz. «Si no, no tiene sentido. Conservarlo por supuesto, pero hay que mostrarlo», añade Navarro.

Lola Camús

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