El centro «Telema» apoya a los enfermos mentales de Kinsasa

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Cristina Cabrejas |

Kinsasa (EFE).- Acusados de estar poseídos por los malos espíritus, los enfermos mentales de Kinsasa acababan abandonados en la calle hasta que abrió el centro «Télema» en el barrio de Kimtambo, uno de los mayores del continente africano, fundado y gestionado por la religiosa española Ángela Gutiérrez y sus compañeras de las Hermanas Hospitalarias, que cada día asisten a quienes nadie quiere.

«Al principio nos decían que las locas eramos nosotras», explica a EFE la hermana Ángela, una diminuta asturiana que llegó a la República Democrática del Congo (RDC) hace 30 años y que con una fuerza de ánimo descomunal se enfrentó a uno de los mayores estigmas de África, las enfermedades mentales, y en 1989 fundó Télema en 1989 con la Congregación de las Hermanas Hospitalarias.

Ahora Télema, que significa «Levántate», porque eso es lo que ellas hacen, «levantar a quienes dejan tirados por las calles de Kinsasa», tiene dos sedes en la capital y se ha convertido en un referente en el tratamiento de las enfermedades psiquiátricas, destaca la madre superiora de las Hospitalarias de la RDC, Sor Alina Lyna Kana.

Enfermos mentales atendidos en el centro "Télema", en Kinsasa.
Una de las personas atendida en el centro «Télema», en Kinsasa. EFE/ Cristina Cabrejas

En el caos de la capital, entre calles desconchadas y chabolas, las Hermanas Hospitalarias han construido un oasis que cuenta con un gran ambulatorio preparado para tratar enfermedades como depresión o epilepsia, y con un servicio de fisioterapia, laboratorio de análisis y una farmacia que con mucho trabajo consiguen aprovisionar de los fármacos necesarios, casi imposibles de encontrar en este país.

Reciben a cerca de 125 pacientes al día, casi 50.000 al año, y en un país donde no existe la Sanidad gratuita las medicinas que ellas dan lo son, mientras cobran 5 euros por consulta: «A algunos ni si quiera eso, porque los hemos recogido de la basura y los hemos traído a curar aquí», explica sor Ángela.

«No les toquen que están poseídos por los malos espíritus nos dicen, y quizá lo único que tienen es un grave ataque epiléptico, pero nosotras los recogemos, los lavamos y los curamos porque no hemos venido aquí por los diamantes, los diamantes son ellos», dice esta moja que ha recibido reconocimientos en la RDC y que en 2021 recibió la Cruz de Oficial de la Orden de Isabel la Católica.

Sor Ángela muestra con orgullo el nuevo pabellón «Betanie», humilde, pero pulcro y ordenado, que puede alojar a 23 internas, mujeres con graves problemas mentales que necesitan ser hospitalizadas o simplemente un lugar para curarse de una depresión posparto, de violaciones, del abandono de su familia o de una vida llena de dificultades.

En una de las habitaciones reside desde hace cinco meses una de estas mujeres castigadas por la vida: «Vivía en la calle y le robaron a sus dos hijos pequeños. Al niño lo encontró ocho años después, a la niña, nunca. Esto te destroza la cabeza. No se repuso nunca», explica sor Ángela.

Una de las religiosas que trabaja en el centro "Télema" ayudando a enfermos mentales, en Kinsasa.
Una de las religiosas que trabaja en el centro «Télema» ayudando a enfermos mentales, en Kinsasa. EFE/ Cristina Cabrejas

Pero además de curar la mente, en el centro Télema de Kimtambo han montado un taller de costura para que estas personas que nadie quiere sólo por tener un problema mental pueden aprender a coser y ganarse la vida.

Esta religiosa del pueblo asturiano de Panes enseña con orgullo las creaciones de quienes acuden al taller cada día, como han hecho hoy, cuando, a pesar de ser fiesta en el país por la llegada del papa Francisco, se han presentado para hacer cojines, bolsas o manteles de vivos colores.

Malala tiene 30 años, cuenta a EFE que cuando tenía 15 vivía en la calle con sus hermanos y su madre, que un día desapareció. Desde entonces, sufre una grave depresión, pero gracias a la ayuda de sor Ángela y sus compañeras ha encontrado un hogar y ha aprendido a coser, con lo que puede ganar algo de dinero y ayudar a sus hermanos.

«Los ves tirados en la calles, entre la basura. El Gobierno, la familia les han abandonado porque consideran que tienen malos espíritus…, en África nadie comprende lo que es un trastorno mental. Pero aquí se les recupera y con el trabajo que realizan se sienten valorizados», explica sor Alina.

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