Más público, caídas y esprint en la Vuelta por Holanda



20/08/2022 a las 19:42

CEST


La segunda etapa se resolvió en una llegada masiva en la que se impuso el irlandés Sam Bennett

Mañana, último día en los Países Bajos

¡Ay! se nos ha caído Alejandro Valverde y esto no forma parte del guion escrito para su homenaje. La etapa, aunque parezca lo contrario, lo que no se ve más allá del esprint final, fue un combate de nervios porque cuando hay tanto público siempre puede haber un espectador que se despiste, que se acerque más de la cuenta al pelotón con la manía de hacer fotos y la líe parda. Valverde se ha ido al suelo, chapa y pintura, como dicen ellos, sin rasguños, pero la evidencia de que no ha sido solo un día para calentar piernas; más cuando se ha rodado a 45,7 por hora.

También se ha dado un revolcón Roger Adrià. Él, a diferencia de Valverde, está creciendo en el ciclismo, aunque ya cuenta con un triunfo profesional. Es barcelonés, 24 años, y ha venido a la Vuelta como jefe de filas del Kern Pharma, tal vez el equipo con la mejor cantera deportiva. No es bueno caer en la primera etapa en línea, crecen los temores. Pero los Países Bajos tenían este problema. El paso por las ciudades es complicado porque el mobiliario urbano está hecho para los carriles bicis, pero para llevar la bicicleta como vehículo y no como pieza de trabajo para impulsarse a un esprint a 60 por hora o ir como locos todo el día, aunque vayan en grupo, aunque parezca que corren relajados.

Y encima miles de personas; una, dos, tres, cuatro, cinco filas de espectadores, los niños delante, porque el que se queda atrás solo ve las cabezas de los espectadores. A los corredores el gentío les provoca emoción, son casi cuatro horas de escuchar un chillido y un aplauso perenne, una columna humana, lejos de la soledad con la que se encuentran cuando cruzan las áridas tierras manchegas o cuando apenas hay pueblos entrelazados por Extremadura. Allí, por más fe que haya hacia el ciclismo, es imposible que vayan los espectadores.Aquí, una ciudad conecta con la siguiente y como los espacios libres están tan cerca de los urbanizados la gente se tira a la calle, a ver la Vuelta, como hicieron en Utrecht con el Tour y con el Giro.

«Cerca de meta ha habido un hostión. No ha sido un día tranquilo. Se han caído delante mío y no he podido evitarlo. Ha sido muy peligroso pero ya lo sabíamos al venir aquí», relata Valverde al llegar a Utrecht. Él estaba decidido a ver el esprint en la distancia, pero si se caen enfrente suyo por muchos 42 años, habilidad y experiencia que se tengan poco hay que hacer. El accidente es inevitable.

El peligro del esprint

El esprint fue una auténtica burrada por lo que casi fue un milagro que no hubiese un accidente masivo. Codos por todas partes y hasta corredores que se sentían desplazados por los que se iban a jugar la victoria. Un día para que triunfase Sam Bennett, un irlandés que no se arruga y no toca el freno como buen velocista que es. Pocas oportunidades tendrá en esta Vuelta y conviene aprovecharlas.

El Jumbo, mientras, jugó a intercambiar el nombre del líder de la general. Si en la contrarreloj el honor le correspondió a Robert Gesink, con los ocho ciclistas del equipo empatados a tiempos, el honor recayó en otro holandés, Mike Teunissen, que ya fue líder del Tour en 2019. Fue un día de nervios en la oficina de la Vuelta.



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